TEMBLOR DE POLVO

Soy un desastre, un desastre en dos piernas que se mueven sin saber senda, esperando señales de humo en el camino, un desastre con vida postergada, tan pospuesta que si te lo contara no me lo creerías.

Soy ese tipo de desastre que todos creen cuerdo, pero es capaz de dormir a las tres de la mañana leyendo el mismo poema, escuchando la misma canción, soy eso, una canción en repetición.

Soy un desastre que desayuna solo café la mayoría de las veces, y tiene que poner alarmas para no olvidar tomar agua durante el día. Que ha andado sus años acumulando títulos en letras y ciencias y es tan ignorante, un fraude. Soy un desastre que sonríe mucho y a todos, pero tiene pocos amigos, el mismo que si te presiente indagándole la vida te tira la puerta en la cara, y al año quizás se asome a ver si todavía estás afuera para entonces invitarte a entrar. 

Soy el desastre que olvida el cumpleaños del mejor amigo, pero aún conversa con su amiga de la infancia, desde otras tierras y otras aguas, pero conversa. Soy un desastre que teniendo una sola planta la dejó morir, y ahora ha adoptado cinco más con la ilusión de que le alegren el invierno. Hasta para ser un desastre soy desastrosa, no sé serlo lo suficientemente bien, siempre quedo corta, aunque algunos me crean larga, soy corta, cortísima, sé poco, he vivido poco, he amado poco, o no tanto como me hubiera gustado, he conocido poco el mundo, conozco poco de cocina y de vinos, y olvido todos los títulos de películas que he visto.

Pero no hay desastre en mí que interese, todos quieren ver la mejor parte, todos quieren influencers en estos tiempos. De mí, sin embargo, no podrán sacar rosales, ni lunas ni estrellas. Soy solo polvo en cataclismo lanzado del suelo a la hierba, acumulado en el filo de la hoja de la hierbabuena, temblando, esperando corrientes de aires impredecibles, expectante, en desastroso orden. Soy eso, TEMBLOR DE POLVO.

Imagen tomada de https://www.pexels.com/photo/summer-vintage-flower-daisy-61379/