«The First» sin desenlace

La última vez fue con alguien que conocí durante unas vacaciones. Al año regresé sólo para eso. También tomamos algunos tragos desde una terraza y fuimos a ver unas cascadas. La despedida en el aeropuerto fue como ninguna despedida que haya tenido: un beso, y sin nos vemos. A veces nos saludamos y hablamos de los perros, no hay sentimentalismo, ni melodrama, ni cuerdas de donde ahorcarse. Después de cierta edad la cosas se vuelven más prácticas y se siente la misma satisfacción que cuando uno guarda los adornos navideños dentro de una bolsa que antes fue una botella plástica: bolsa reciclada, adornos reusables, todo opcional pero que le hace bien al planeta.

Después de cierta edad las cosas se vuelven más prácticas

A veces uno regresa para finalizar una historia inconclusa. Pero no todas las historias necesitan desenlace, así se recuerdan con la ilusión de lo que pudo ser aunque uno sepa que nunca sería nada, en vez de recordar la cara demacrada de una desilusión. Prefiero ilusión a desilusión, más si fue precedida por la intención y la acción. No la ilusión que te embelesa en una realidad paralela de quien presiona los frenos de su vida por el “porsilasmoscas”. No, esa ilusión es enfermiza. Hablo de la ilusión de recordar el muerto cuando estaba sonriendo. Si muere bailando, los vivos que quedan detrás, aunque le lloren, son un poquito más felices que si muere agonizando. Se fue feliz, dicen. Mejor decir, los que dejó atrás los dejó felices. 

Aún recuerdo la serie “The First”. Era sobre unos astronautas con una importante misión al espacio. El universo se veía lindo desde mi pantalla, los trajes acolchonados, las simulaciones en los entrenamientos, relajantes. Una serie perfecta, pensé. Sin embargo después de la primera temporada no llegó la segunda. Se veía prometedor, no lo entiendo. Pero los que saben de mercado seguramente no pronosticaron mucha audiencia. Terminó sin desenlace, sin misión al espacio y sin espacio más que para comenzar una nueva serie. Después vi otras, esta vez sin trajes acolchonados ni entrenamientos ingrávidos, pero cuyo mundo también se veía lindo desde mi pantalla. No todas las historias necesitan un desenlace, ni todos los desenlaces quedan para la historia.

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